PUBLICADO POR. Abz Editores
OBITUARIO
Por Jorge Orozco Flores

En un mundo que a menudo separa lo serio de lo bello, Luis Sigfrido Gómez Campos vivió demostrando que ambas cosas pueden caminar de la mano. Abogado dedicado, maestro paciente y compositor de corazón, este michoacano de pura cepa dejó una huella en su tierra natal, combinando los protocolos de las leyes con la dulzura de una melodía bien sentida.
Nació el 19 de octubre de 1956 en Morelia, esa ciudad que amó, allí, en el Colegio de San Nicolás, completó la preparatoria, y luego cruzó las puertas de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, donde se graduó como licenciado en Derecho.
Lo que siguió fue una carrera marcada por el servicio: trabajó en la Secretaría de Educación del Estado y en el Poder Judicial de Michoacán, siempre con la convicción de que la justicia y la educación eran pilares para construir un mejor porvenir.
Como profesor en su misma alma máter, contribuyó a la formación de generaciones de profesionistas jurídicos, con la misma pasión que ponía en todo lo que hacía.
En 2011 aceptó el reto de ser consejero electoral propietario en el Instituto Electoral de Michoacán, bajo la presidencia de María de los Ángeles Llanderal Zaragoza, contribuyendo a que la democracia en Michoacán tuviera un rostro más transparente y confiable.
Luego, en septiembre de 2015, llegó uno de los honores más grandes de su vida profesional: fue nombrado notario público número 186 en el puerto de Lázaro Cárdenas, donde ejerció la fe pública con integridad casi hasta los últimos días.
Pero Luis Sigfrido no era solo un hombre de leyes y expedientes.
En 2003 publicó un artículo notable en la Revista Mexicana de Justicia —“Acceso a la información pública del Poder Judicial: una visión comparativa”—, donde analizaba con claridad y profundidad cómo hacer que la justicia fuera más abierta y cercana a la gente, un tema que hoy resuena con más fuerza que nunca.
Y luego estaba su otra gran pasión: la música.
Fuera de las aulas y la notaría, componía e interpretaba con el alma abierta.
En mayo de 2024, justo cuando Morelia celebraba su 483 aniversario, presentó su “Himno a Morelia”, una pieza que él mismo describió con ternura: una fusión de toques flamencos y el dulce ritmo de la pirekua purépecha, como si las dos culturas que dieron vida al Centro Histórico de su ciudad se encontraran en una sola canción.
En las notas que acompañaron el estreno, agradeció de corazón a todos los que lo ayudaron a dar forma a esa obra —el arreglista Gonzalo Gómez Covarrubias, el productor Fernando Mendoza, los músicos de la Orquesta Sinfónica de Michoacán y del Mariachi Continental, el coro y tantos otros artistas y amigos—. Era típico de él: reconocer que las cosas bellas se construyen en equipo.
También compuso boleros que capturaban el sentimiento puro, como “Gotita de miel”, grabado en estudio con el mismo cuidado que ponía en cada detalle de su vida artística.
Luis Sigfrido Gómez Campos partió el 26 de febrero de 2026 en Lázaro Cárdenas, Michoacán, dejando atrás una existencia que equilibró lo profesional con lo artístico, lo serio con lo emotivo.
En su memoria queda el ejemplo de alguien que nunca dejó de aprender, de servir y de cantar a su tierra.
Morelia, y Michoacán, perdieron a un hijo que quiso a su tierra con la cabeza y con el corazón.
Que su “Himno a Morelia” siga sonando, recordándonos que, incluso en los días más oscuros, hay melodías capaces de traer luz.
PANORAMA Noticias RAFAEL OCHOA HERNÁNDEZ. DIRECTOR
