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Piden votos desfachatados candidatos. De campañas a comicios en México 2018

 

Por Eduardo Garibay Mares

 

Desfachatados candidatos y partidos

Seguros de conseguir los votos que hagan realidad su sueño de detentar el poder, algunos desfachatados candidatos y partidos en coalición, o al participar para contender como como candidatos independientes, no sólo denigran al país ante el mundo con turbios procedimientos y campañas electoreras con que apuestan a la credulidad y la ignorancia, sino que con ello ofenden a México y al pueblo, quienes, cabe afirmarlo, merecen una democracia más participativa o directa, que erradique a la democracia representativa mexicana, favorecedora de grupos de poder que anteponen sus intereses al bien común.

Politicastros paternalistas y populacheros

Es por ello que no obstante ser la democracia representativa la más extendida, y por ello el sistema de gobierno más usado, países como Estados Unidos de América y Suiza, entre otros, cuentan ya con mecanismos propios de la democracia directa, que igual pueden ser aplicables en México, porque la ciudadanía no es ignorante y porque la democracia representativa mexicana ha terminado por ser creciente cobijo de politicastros que dolosamente atribuyen a la ciudadanía una ignorancia acerca de los aspectos políticos, económicos y sociales, fundamentales en una sociedad, que conllevaría, afirman de forma paternalista y populachera, a que las decisiones tomadas por la gente fuesen erróneas en la mayoría de los casos.

Malos políticos contra ciudadanía informada desde la niñez

Dejan de lado, quienes así mal obran, que además de ciudadanos educados e informados acerca de sus derechos y deberes, desde la niñez, la democracia comprende condiciones adicionales con que la población y el país cuentan desde 1917 en que fue promulgada la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, sustento del estado de derecho, que además de limitar los diversos poderes y controlar el funcionamiento formal del gobierno, garantiza la división de poderes, el derecho a votar o ser votado en elecciones, así como las libertades de expresión, de prensa, de acceso a fuentes de información, y de asociación, entre otras cosas.

Aciertos y fallas de la democracia griega esclavista

La historia enseña que Atenas, urbana y cosmopolita, era en Grecia una ciudad Estado clásica, totalmente independiente, con propias instituciones políticas, religiosas, legislativas, e incluso sistema de pesos y medidas, y moneda, donde desde las respectivas etapas de monarquía, y luego de tiranía, el término comunidad o pueblo comprendía sólo a la minoría privilegiada, la ciudadanía, detentadora del poder y a cargo de un Estado, ciudadanos bajo cuya autoridad la mayoría enteramente sometida la constituían los hombres no ciudadanos, llamados metecos, y las mujeres.

Aparte, en el plano infrahumano, estaban los esclavos, en mayor número.

El peligro subyacente era la gran desigualdad habida en dicha comunidad, ya que el bajo nivel de vida material y pobreza creciente ahondaron la división entre ricos y pobres, lo cual se tradujo en problemas que al hacer eclosión entre los ciudadanos provocaron revueltas y sediciones, a menudo degeneradas en guerra civil.

De ahí que para evitar la extinción de Atenas por confrontaciones entre ciudadanos, dicha ciudad-Estado fue preservada en el siglo VI, A. de C., al frenar los excesos de la tiranía, y los abusos de la nobleza oligárquica, con el establecimiento de la democracia, que los legisladores Solón y Clístenes consolidaron como sistema cuyo acierto fue que el pueblo –los ciudadanos–, tomasen las decisiones respecto del Estado.

Sí, lo que era la democracia directa, que entonces llegó a su máximo apogeo con Pericles en el siglo siguiente, con sustento toral en la libertad de expresión y la igualdad ante la ley, aunque sólo para los ciudadanos señalados, lo cual es una de las fallas de origen de la democracia, toda vez no acabó con la discriminación de metecos y mujeres, y tampoco con la esclavitud.

Sin embargo, aunque también reformó el código penal, calificando el ocio de crimen y condenando a la pérdida de ciudadanía a quienes permaneciesen neutrales en las revoluciones, Solón estableció, entre otros mandatos, que todos los ciudadanos eran libres e iguales ante la ley, lo malo fue que al proponer variaciones de respectivos derechos según los impuestos que cada uno pagase, evidenció que los ciudadanos eran iguales, pero nunca tanto, al igual que hoy en día en que aciertos y fallas de la democracia, como fue el caso de la ateniense, favorecen o dañan a unas personas más que a otras.

Democracia griega y promesas electoreras mexicanas

A la luz de cuatro milenios, la analogía entre la democracia ateniense y la mexicana deja ver diferencias y similitudes dado que, por ejemplo, en torno al ejercicio de oficio o profesión paralelo al desempeño del cargo público, desde entonces se normó la concesión de salarios a funcionarios públicos, a fin de que no dejasen de ejercer su derecho político de poder consagrarse al cargo, e igual se adujo el auxilio a los más pobres mediante ayudas sociales a ciudadanos votantes, y a sus familias, al proporcionarles trabajo, u otorgarles tierras si eran campesinos desposeídos, y darles asistencia pública si eran inválidos, huérfanos, indigentes; cuestiones que ahora la disfuncional democracia representativa mexicana ha convertido en cíclicas promesas electoreras, hechas por candidatos que una vez en el cargo las incumplen, las más de las veces.

Sistema democrático mexicano que ahonda la división entre ricos y pobres

Lo paradójico es que el peligro subyacente en la Atenas monárquica y tiránica es similar al que hoy amenaza a México también por lo creciente de la desigualdad social, del bajo nivel de vida material, y de la pobreza, porque aquí es el sistema democrático mexicano el que ahonda la división entre ricos y pobres, y en el que se provocan revueltas y sediciones que poco falta para que degeneren en guerra civil.

De ahí que a fin evitar la extinción del país a causa de confrontaciones entre hermanos, para preservarlo y frenar abusos de grupos de poder, así como de sus electoreros partidos y candidatos, la disfuncional democracia representativa mexicana debe erradicarse, para dar paso a la democracia directa que merece el pueblo de México: la asamblea.

Votar por el sueño de los mexicanos

Por eso, más que sólo votar por el sueño de los candidatos, el 1 de julio de 2018 y siempre hay que votar por el sueño de los mexicanos de no tener que migrar de la tierra que los vio nacer, ya sea al interior del país o, peor aún, al extranjero, donde si no mueren en el intento viven discriminados las más de las veces.

Y también por eso la tarea es lograr que se haga realidad el sueño de que el pueblo soberano se gobierne a sí mismo, con cada vez menos representantes intermediarios, políticos que además de contar con capacidad y eficiencia, habrían de pasar una prueba de honradez al iniciar su cargo, y al cesar rendirían cuentas a la asamblea, donde el pueblo decidiría los asuntos del Estado, con igualdad para todos y sin privilegios para nadie.

Esto es, lograr que la democracia en México sea más directa que representativa, y que cuente con mecanismos como son, por ejemplo, el plebiscito, el referéndum, la revocación de mandato, la iniciativa popular, y, como requisito previo para cargos de elección, la probada gestión social ciudadana, para ponerles un ¡hasta aquí! a grupos de poder, politicastros y turbias campañas electoreras que al apostarle a la credulidad y la ignorancia, denigran al país y ofenden al pueblo de México.

Ni más ni menos.

 

Ponerles un ¡hasta aquí! a grupos de poder, politicastros y turbias campañas electoreras, que al apostarle a la credulidad y la ignorancia denigran al país y ofenden al pueblo de México

 

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